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Diversas presentaciones de la flor del “borrachero”, que asemeja una trompeta y que es característica de la flora del municipio.

Capitán Gonzalo Suárez Rendón, encomendero de Turmequé y fundador de Tunja

 

 

 

 

 

 

 

   

 

ASPECTOS GENERALES

SÍNTESIS HISTÓRICA

 

Es una población muy antigua perteneciente a la cultura Muisca[1], de la familia lingüística Chibcha[2] y de las más influyentes e importantes de América precolombina. Su territorio se extendía por varios kilómetros y comprendía los actuales municipios de Nuevo Colón, Ventaquemada y Tibaná (en Boyacá) y Chocontá y Villapinzón (en Cundinamarca), que se desmembraron poco a poco de su territorio. Fue plaza de armas e importante centro comercial; el mercado se realizaba cada tres días, durante los cuales se comercializaban esmeraldas de Muzo, Coscuez y Somondoco, ollas y utensilios de barro de Ráquira y Tinjacá, sal de Zipaquirá, Chita y Nemocón, mantas de algodón, caracoles traídos de las costas, plumas de aves, tunjuelos de oro, collares, narigueras, pendientes y mucha utilería de las varias tribus Muiscas y demás productos de trueque.

Su gran jeque era el Zaque, responsable de la defensa de los territorios del  Zaque de Hunza, Tunja, donde estaba establecido su jefe inmediato y de donde era tributario. Un poderoso Usaque o Curaca tenía allí su residencia. “El imperio de Quimuinchatecha limitaba con el sur con las tierras del Cacique Turmequé. El historiador Piedrahita, dice: “Al sur de las dos colinas, cinco leguas distante, tenía su Estado el Cacique de Turmequé, señor poderoso y sujeto al Tunja y de quien confiaba por tener a su cargo la plaza de armas y frontera de los Bogotaes”.

“…. Jiménez de Quesada calculó en tres millones de habitantes los indios del partido de Turmequé. En la época prehistórica y hasta casi finales del siglo XVIII era muy extenso el territorio de este municipio. Del suelo de Turmequé se formaron las poblaciones coloniales de fundación española llamadas Hatoviejo, hoy Villapinzón y Ventaquemada”. [3]

 En Turmequé verificaban los indios un magnífico mercado, "en los tiempos en que los mercados estaban limitados a unas pocas poblaciones".[4] Cada tres días los habitantes de los caseríos circunvecinos iban a Turmequé a la feria. En la plaza se veían tunjuelos de oro y bella esmeraldas de Somondoco y Muzo, ollas de Ráquira, sal de Sesquilé, Nemocón y Zipaquirá, mantas de algodón, plumas de aves de variados colores, oro, fuera de los frutos que cultivaban los aborígenes. Por cada diez mercados contaban una luna y esto lo celebraban con una peregrinación, caminata o maratón a uno de los picos más altos del territorio de entonces. Así contabilizaban el tiempo y por eso algunos lo consideran como cuna del calendario Muisca.

Como dato curioso, “en territorio de Turmequé … hubo en 1490 un combate entre las fuerzas de Michúa, soberano de Hunza, Tunja, y Saguanmachica, Zipa de Bacatá. En la batalla murieron ambos señores chibchas”.

El conjunto urbano era de una conformación muy definida antes de la llegada de los españoles; los bohíos, malocas o viviendas, estaban ubicados y distribuidos según la topografía del terreno, en forma escalonada, teniendo en cuenta la insolación, las brisas, la vista y todo el entorno, tomando las vías, caminos o calles el aspecto de verdaderos paseos en que la naturaleza tomaba una importancia preponderante.

Si bien no figura ninguna fecha de fundación, existen fechas de referencia como la fundación de Villapinzón (1773) con el nombre de Hato Viejo, la de Ventaquemada (por disposición del virrey Manuel Antonio Flórez en 1776 y Úmbita (1778), todos segregados de Turmequé pero dependientes de éste en los aspectos comercial, religiosa y culturalmente, se deduce que existía como un poblamiento organizado en el modelo moderno mucho antes de 1773, pero como poblado indígena antes de la llegada de los españoles. De todas maneras, su fundación con cánones españoles parece datar de 1837 y el decreto con que fue erigido como municipio de 1843.

Jiménez de Quesada y su séquito entran a Turmequé el 20 de julio de 1537, lo hallaron como una de las aldeas mejor organizadas del Nuevo Reino y quedaron impresionados por la riqueza de los santuarios, en los que había muchas piezas de oro, esmeraldas, utensilios de barro y otros elementos valiosos, que fueron saqueados por ellos.

 “… libres ya los nuestros del susto, y pasada la festividad, prosiguió su marcha, y entrando por los términos del Zaque o Rey de Tunja, llegaron a Turmequé, no menos poblado y numeroso que Chocontá, porque poco distante la Corte del Zaque y frontera suya contra el Zipa de Bogotá, se hallaba fortalecida de crecidas guarniciones por las continuas guerras que tenían estos dos Príncipes, de quienes estuvieron ignorantes mucho tiempo los españoles, sin que alguno oyese nombrar al Tunja ni supiese quien era, ni en que parte residiese, aunque se detuvieron en Turmequé algunos días, donde su cacique y vasallos les daban la veneración y culto a sus Dioses, zahumándolos en común y en particular con la misma resina del Moque y hojas de Hayo destinadas a sus ídolos que adoraban en sus templos. Y aunque en diferentes ocasiones preguntábamos los españoles a los vecinos por algunas cosas y noticias de gentes y personas diversas, jamás dieron razón de su Príncipe ni de la mucha riqueza que tenía; con que desamparado a Turmequé, a quien llamaron el pueblo de las Trompetas por cuatro que hicieron de las pailas que no servían con intención de lograrlas en las guerras que se ofrecieron, o en dar autoridad a los banquetes que ya le sobraban, prosiguieron su jornada en demanda de la provincia de Tenza, obligados de la relación que les hizo el capitán Valenzuela, a quien desde Turmequé había despachado Quesada con cuarenta hombres a descubrir las minas, como lo hizo volviendo con muestras de ellas. Y víspera de San Juan entraron el pueblo de Icauco, algo más numeroso que Turmequé (Siendo así que este tendría hasta cuatromil vecinos) y al presente trocada la suerte con experiencia que hay de que los repartimientos puestos en la Corona Real son los menos trabajados y que más se conservan y ser Turmequé uno de los que gozan esta buena fortuna, que lo hace rico y grande, y día del Santo llegaron a Tenza, a quien llamaron por muchos vecinos la ciudad de San Juan, en que fueron bien recibidos y acariciados”. [5]

Quedan asombrados al ver jugar el Turmequé con tejos de oro. El conquistador despacha de aquí, al capitán Pedro Fernández de Valenzuela al frente de 40 hombres con el fin de someter al Cacique Simundoco y sus súbditos, dueños de minas de esmeraldas y fundar una población. (La actual Somondoco)

“Después de la muerte del Zaque Quemuenchatecha los indígenas de Hunza, Tunja, elevaron al trono aborigen al sobrino del Rey desaparecido llamado Aquimín, joven de buenas facciones y de veintidós años de edad. Este príncipe muisca contrajo matrimonio con la hija del Cacique de Gámeza. Con tal motivo vinieron a Tunja muchos naturales de distintos pueblos prehistóricos a felicitar a su soberano. Hernán Pérez de Quesada, ante tantos indios en la capital del imperio, juzgo un sublevamiento en contra de los españoles y determinó sacrificar en patíbulos a Aquimínzaque y a los Caciques de Turmequé, Toca, Motavita, Boyacá y otros señores y Capitanes. La ejecución se verificó en la plaza principal de Tunja en 1541”.

Como quiera que de unas pailas o calderos viejos funden cuatro trompetas, las utilizaron para asustarlos con sus ruidos estridentes, logrando que abandonaran sus santuarios y casas, y así poder saquear más libremente la aldea. Fue denominado por ellos “Valle de las Trompetas”. Sin embargo, otros afirman que este nombre se origina por el aspecto y la belleza de la vegetación del “borrachero” arbusto de la familia de las solanáceas (Brunfelsia grandiflora D. Don.), cuyas flores colgantes (blancas, amarillas o anaranjadas) tienen la apariencia de pequeñas trompetas. Esta planta puede ser utilizada para hacer el mal con la sustancia conocida como escopolamina (burundanga) o con un alucinógeno denominado cacaito sabanero, pero también con fines medicinales, mediante medicamentos como la atropina, la buscapina, antibióticos, antifebrífugos y antirreumáticos.

Fueron encomenderos de Turmequé Francisco de Villaviciosa, el Capitán Gonzalo Suárez Rendón (fundador de Tunja y quien hizo construir su casa de campo en cercanías del pueblo, hoy conservada y conocida como Aposentos, de propiedad actual de la familia Muñoz-Azuero), Juan de Torres Contreras (padre del personaje Diego de Torres, cacique de Turmequé), Hernán Venegas, Pedro de Torres, y Diego Romero.

Fue elevada a la dignidad de parroquia el 7 de octubre de 1776 y desde 1757 operaron los alcaldes pedáneos.[6]

Es declarado Patrimonio Histórico, Cultural y Artístico de la Nación, según decreto 1940 de 29-VIII-1989, el cual, según la evaluación histórica, considera la plaza principal, que corresponde a la manzana 15 del plano urbano elaborado por el Instituto Geográfico Agustín Codazzi y los cuatro costados que la enmarcan, ubicados entre las calles 3 y 4 entre carreras 4 y 5; los dos costados de la calle 3 partiendo desde la plaza principal entre carreras 3 y 1 sur y la Iglesia del Rosario y su área de influencia ubicada en la carrera 7 entre calles 3 y 4 y todos aquellos inmuebles y su área de influencia en los que se encuentren posteriormente testimonios pictóricos contemporáneos a estos o relacionados con los hallazgos de la iglesia principal.

Otros aspectos históricos se tratan por aparte. Tal los casos correspondientes a la cuna del tejo, el Cacique de Turmequé, el primer cartógrafo del país y el autor del primer memorial de agravios, los escritos de Hernando Domínguez Camargo, la Capilla Sixtina de América, el primer taller de pintura de la colonia, de Baltazar de Figueroa, el Sargento Torres, fundador de la Policía Infantil, etc.

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1. “Los españoles llamaron a sus habitantes Muiscas, por haberles oído pronunciar frecuentemente esta palabra, que en su idioma quiere decir persona, y Moscas por la semejanza de los vocablos muisca y mosca y, además, porque decían que eran tan numerosos como las, moscas. Ninguno de los primeros cronistas les da el nombre de Chibchas, sino el de Moscas o Moxcas. Fray Bernardo Lugo fue el primero que dijo que la lengua que hablaban era la chibcha. El Padre Simón es más preciso, pues dice que tanto a la provincia de Bacatá, como a la lengua que en ella se hablaba, las llamaban chibchas”. “Con la voz muisca designaban a las personas de ambos sexos y, para distinguirlas llamaban al hombre muisca cha (cha = varón) y a la mujer muisca fucha (fucha = hembra). Fuente: RESTREPO, Vicente, “Los chibchas antes de la conquista española“, Bogotá, Imprenta de la luz. 1895. Reproducidoo en www.lablaa.org/blaavirtual/historia/chibch/

2. “Desde el 600 d. C. la Cordillera Oriental fue gradualmente ocupada por diversos pueblos de la familia lingüística chibcha, originaria de Centroamérica”. Fuente:www.banrep.gov.co/museo/esp/s_muisca.htm

3. CORREA, Ramón C., Ob cit.

4. MEDINA, Martín, Historia y Geografía de Turmequé, en Repertorio Boyacense, Año 1, N° 6, Academia Boyacense de Historia, Tunja, 1912.

5. Crónica del historiador Piedrahita, citado en : CORREA, Ramón C. Monografía de los pueblos de Boyacá.

6. El de un lugar o aldea que solo podía entender en negocios de escasa cuantía, castigar faltas leves y auxiliar en las causas graves al juez letrado, según el DRAE


 

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