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PERSONAJES

DIEGO DE TORRES Y MOYACHOQUE

EL MEMORIAL DE CAMILO TORRES

 

Parece conveniente, para una mejor ubicación histórica, hacer referencia al “Memorial de Agravios” de Camilo Torres. Para mejor ilustración, consideramos importante presentar una muestra de este meritorio y muy valioso escrito, que fue elaborado en 1809 para presentar a la junta de Sevilla, a solicitud del Cabildo de Santa Fe. Sin querer restar valor al documento, cabe anotar que el Cacique de Turmequé lo hizo por iniciativa personal 232 años antes, en 1577, y lo llevó personalmente al Rey.

Se incluyen los dos primeros y los dos últimos párrafos, del documento que puede tener más de 30 páginas.

Señores:

Desde el feliz momento en que se recibió en esta capital la noticia de la augusta instalación de esa suprema junta central, en representación de nuestro muy amado soberano el señor don Fernando VII, y que se comunicó a su Ayuntamiento para que reconociese este centro de la común unión, sin detenerse un solo instante en investigaciones que pudieran interpretarse en un sentido menos recto, cumplió con este sagrado deber prestando el solemne juramento que ella le había indicado; aunque ya sintió profundamente en su alma, que, se asociaban en la representación nacional los diputados de todas las provincias de España, no se hiciese la menor mención, ni se tuviesen presentes para nada los vastos dominios que componen el imperio de Fernando en América, y que tan constantes, tan seguras pruebas de lealtad y patriotismo acababan de dar en esta crisis.

Ni faltó quien desde entonces propusiese ya si sería conveniente hacer esta respetuosa insinuación a la soberanía, pidiendo no se defraudase a este reino de concurrir por medio de sus representantes, como lo habían hecho las provincias de España, a la consolidación del gobierno, y a que resultase un verdadero cuerpo nacional, supuesto que las Américas, dignas, por otra parte, de este honor, no son menos interesadas en el bien que se trata de hacer y en los males que se procuran evitar; ni menos considerables en la balanza de la monarquía, cuyo perfecto equilibrio sólo puede producir las ventajas de la nación. Pero se acalló este sentimiento, esperando a mejor tiempo, y el cabildo se persuadió de que la exclusión de diputados de América sólo debería atribuirse a la urgencia imperiosa de las circunstancias y que ellos serán llamados bien presto a cooperar con sus luces y sus trabajos, y, si era menester, con el sacrificio de sus vidas y sus personas, al restablecimiento de la monarquía, a la restitución del soberano, a la reforma de los abusos que habían oprimido a la nación, y a estrechar, por medio de leyes equitativas y benéficas, los vínculos de fraternidad y amor que ya reinaban entre el pueblo español y americano.

A lo menos el Ayuntamiento no halla otros medios de consolidar la unión entre América y España: representación justa y competente de sus pueblos, sin ninguna diferencia entre súbditos que no la tiene por sus leyes, por sus costumbres, por su origen y por sus derechos; juntas preventivas en que se discutan, se examinen y se sostengan éstos contra los atentados y la usurpación de la autoridad y en que se den los debidos poderes e instrucciones a los representantes en las cortes nacionales, bien sean las generales de España, bien las particulares de América que se llevan propuestas. Todo lo demás es precario. Todo puede tener fatales consecuencias. Quito ha dado ya un funesto ejemplo, y son incalculables los males que se pueden seguir, si no hay, un pronto y eficaz remedio. Este no es otro que hacer esperar a la América fundadamente su bien, y la América no tendrá esta esperanza y este sólido fundamento mientras no se camine sobre la igualdad.

¡Igualdad! Santo derecho de la igualdad; justicia, que estribas en esto y en dar a cada uno lo que es suyo, inspira a la España europea estos sentimientos de la España americana: estrecha los vínculos de esta unión; que ella sea eternamente duradera, y que nuestros hijos, dándose recíprocamente las manos, de uno a otro continente, bendigan la época feliz que les trajo tanto bien. ¡Oh! ¡Quiera el cielo oír los votos sinceros del cabildo y que sus sentimientos no se interpreten a mala parte! ¡Quiera el cielo que otros principios y otras ideas menos liberales no produzcan los funestos efectos de una separación eterna!

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Investigación: EUFRASIO BERNAL DUFFO, I.G. - Diseño y Desarrollo: VICTOR MANUEL BUITRAGO TELLEZ. Derechos Reservados®2008