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ANTIVALORES

 

EL "DOCTOR MATA", EL TINTERILLO ASESINO

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Una clientela que desaparece

 

“Desde mediados de los años treinta y por más de quince años, Matallana ejerció como abogado; tuvo su última oficina en el Edificio Restrepo del centro de la capital; decía ser egresado de la Universidad Republicana y repartía tarjetas profesionales con la leyenda: "abogado titulado e inscrito". Se cuenta también que era notablemente zalamero con su clientela y con los empleados de los juzgados; que llevaba un archivo extremadamente ordenado, donde guardaba copia de toda su correspondencia judicial y personal y que tenía la obsesión de citar de memoria y por escrito artículos, incisos o parágrafos de los códigos vigentes. Otro detalle con el que impresionaba a sus conocidos era la exhibición de falsas tarjetas impresas y manuscritas con expresiones de confianza de ministros del despacho.

 

Durante el tiempo que duró litigando, Matallana desapareció a algunos de sus clientes y con embustes mantuvo a sus familiares a la expectativa de su regreso. La prensa calculó en unos treinta los asesinatos perpetrados por el falso abogado. Sin embargo, tan sólo en un caso se tuvieron pruebas para demostrar su culpabilidad; en otros cinco homicidios apenas se contó con indicios que lo incriminaban. Después de diez años de un accidentado proceso judicial, recibió sentencia condenatoria por la muerte de Alfredo Forero Vanegas, un anciano comerciante adinerado y separado de su mujer.

 

El homicidio de Forero Vanegas, conocido por la prensa como el "crimen del páramo de Calderitas", ocurrió en agosto de 1947, en jurisdicción de Chipaque, CM, luego que el tinterillo lograra interesar a la víctima para que visitara unas tierras que estaban siendo vendidas a bajo precio. Forero fue muerto por el acompañante de Matallana, Hipólito Herrera, cuando sacó su revolver para defenderse ante la amenaza de matarlo si no firmaba unos cheques. Herrera, quien llevó a las autoridades al lugar donde se hallaba el cadáver, también confesaría que Matallana le cortó un dedo a la víctima para sacarle un valioso anillo que llevaba puesto.

 

Matallana siempre negó la autoría intelectual del homicidio, indicando que se había suscitado una discusión entre los dos por sus negocios y que cuando Forero quiso agredirlo, Herrera lo había defendido causándole la muerte, y que no había denunciado el hecho por lealtad con su criado. De no ser por la insistencia de la concubina de Forero por conocer su paradero, el crimen hubiera quedado impune, pues el tinterillo respondía a las averiguaciones indicando que Forero había cancelado la cita para conocer las tierras ofrecidas en venta y que había salido en un viaje inesperado a arreglar "un lío que tenía con una muchacha". Varios cheques aparentemente firmados por Forero fueron cobrados en el banco, mientras Matallana trataba de confundir a sus pocos allegados contraponiéndolos unos a otros y engañándolos con presuntas citas y mensajes de la víctima.

 

La confesión de Herrera y el cubrimiento periodístico del caso les mostró a los familiares de otros clientes desaparecidos del tinterillo que sus seres queridos tal vez habían corrido igual suerte. Otro de sus clientes fue Alberto Ramírez Posada, desaparecido desde el 20 de agosto de 1936, luego de cobrar un cheque por quince mil pesos y de haber almorzado con el falso abogado en el Hotel Granada. La familia del desaparecido recibió varios telegramas firmados por "Alberto" y de boca de Matallana el mensaje según el cual se había metido en un enojoso lío judicial y la recomendación de no hacer nada, "porque lo podrían perjudicar". Cuando la familia se cansaba de preguntarle a Matallana por Alberto, entonces era aquél quien periódicamente los llamaba para saber de su paradero.

 

A Octavio Perdomo, otro cliente del "doctor Mata", como lo empezó a llamar la prensa, desaparecido a finales de 1937, huraño y distante de su familia, se le conocía como propietario de una mina de carbón y de las haciendas Pubenza y La Esmeralda, ubicadas entre Tocaima y Girardot. En el momento de desaparecer había sufrido un atentado, tenía algunos líos judiciales originados en conflictos con vecinos y arrendatarios y era requerido por bancos de Bogotá para que cancelara letras vencidas. Casi enseguida de ser visto por última vez, Matallana resultó con un poder general que lo facultó para parcelar una de las fincas, pagar deudas a los bancos y donar parcelas a entidades públicas y a vecinos del lugar. Cinco años después apareció muerto a machetazos un primo de Octavio, Marco Antonio, sin que se estableciera responsabilidad ninguna; él hacia las veces de administrador de la mina y había tenido altercados con Matallana. Luego de once años del desaparecimiento de Octavio, Matallana afirmaría ante las autoridades que aquél le mandaba comunicaciones telegráficas y que los rendimientos de la mina se los enviaba a través de emisarios, entre ellos José Prías, un extraño personaje que también se denunciaba como desaparecido.

 

 

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